sábado, 3 de marzo de 2012

El misterio de isla Bermeja. ¿La hundió la CIA?


México ha perdido la isla Bermeja, un reducido peñasco situado a unas cien millas al norte de la Península de Yucatán, en aguas del Golfo de México. Google Maps dice que esta ahí, marinos y cartógrafos de épocas remotas la ubicaron y describieron y distintas misiones exploratorias se han acercado hasta donde se supone que debiera estar, pero nada, no hay rastro.
El enigma, en principio, no debería tener mayor trascendencia geopolítica. Se trata de un peñasco sin ninguna importancia aparente. Pero el valor asociado a la isla Bermeja es incalculable. No por lo que contiene, sino por lo que determina. De hallarse, permitiría desplazar hacia el norte el límite de las aguas territoriales de México colindantes con las de los Estados Unidos, lo que permitiría a los mexicanos hacerse con la soberanía de cuatro quintas partes de la zona del Hoyo de la Dona occidental, una región del Golfo de México con grandes reservas de petróleo, gases y minerales.
La cuestión de la misteriosa desaparición de la Isla Bermeja se convirtió en capital a finales del siglo pasado, cuando el presidente mexicano Ernesto Zedillo negociaba con su homólogo estadounidense, Bill Clinton, un Tratado sobre la delimitación de la Plataforma Continental. México ya había hecho movimientos diplomáticos en la ONU para asegurarse con el control de la Hoya de la Dona. La punta de lanza de la postura mexicana era el islote Bermeja, pero cuando en 1997 arrancaron las negociaciones, resultó que ya no estaba donde todos los mapas la venían situando desde el siglo XVI.
Ante tan sorprendente extravío, el Gobierno mexicano ordenó una misión militar que localizara la isla. Era mucho dinero y mucho territorio lo que estaba en juego. El buque de la Armada «Onjuku» viajó hasta la latitud indicada en los mapas para corroborar la existencia de la isla. El sónar del «Onjuku» no pudo encontrar huellas del supuesto islote un amplio radio cercano a las coordenadas señaladas.
Finalmente, Zedillo y Clinton firmaron el acuerdo el 28 de noviembre de 2000, quedando el área de interés y la enorme riqueza de sus fondos bajo control estadounidense. Algunas estimaciones calculan en más de 22.000 millones de barriles el petróleo que perdió México al verse privado de esa zona del Golfo que lleva su nombre.
El caso de la Isla Bermeja alimentó toda clase de especulaciones conspirativas. Muchos no entendían como un pedazo de tierra citado por primera vez en 1570 y mencionado en publicaciones oficiales de fecha tan tardía como 1946 se había evaporado súbitamente. Un grupo de senadores del opositor PAN exigió la apertura de una investigación oficial, mientras crecían las voces apuntando a teorías sorprendentes. Se decía que la CIA habría podido volar la isla e incluso se apuntaba a la connivencia de los negociadores del tratado por parte mexicana con los intereses de los Estados Unidos. Los legisladores que exigieron una investigación oficial al respecto señalaron que «existen sospechas sobradas de que la inmersión fue provocada por la influencia del hombre». La pregunta en el ambiente era: «¿Son los gringos capaces de haber hundido la isla para quedarse con el petróleo?».
La respuesta la darían los científicos de los Institutos de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México que señaló que con una bomba de hidrógeno se podría hacer desparecer una isla, pero consideraba tal posibilidad altamente improbable en este caso. Sí dijo que las islas pequeñas pueden desaparecer como consecuencia de la erosión causada por las olas.
El asunto terminó siendo objeto de una investigación parlamentaria, cuyos responsables encargaron un informe a la UNAM. En 2009, el buque universitario «Justo Sierra» repitió la travesía del «Onjuku» para terminar llegando a las mismas conclusiones. En ese lugar no existe ninguna isla ni vestigios de que haya existido nunca. Las misiones que han visitado el lugar y han sondeado el fondo marino lo describen como una planicie, por lo que puede descartarse que en esas latitudes hubiera ninguna isla antes. La explicación científica oficial, la que hizo suya el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), es la de que la Isla Bermeja nunca existió o fue confundida con otra. Lejos de comprar las versiones que apuntan a los manejos de los servicios secretos estadounidenses, se impone la idea de que el misterio obedece a un error cartográfico que se ha perpetuado a lo largo de los siglos.

Vía.ABC.es

domingo, 8 de enero de 2012

Espionaje en la embajada Española.


A comienzos del siglo pasado, la viuda de un prominente senador de Missouri organizó una ambiciosa operación inmobiliaria en lo que por entonces se consideraba como las afueras de Washington. Se trataba de reconvertir la parte más remota de la calle 16 —que arranca frente a la puerta principal de la Casa Blanca— en una especie de exclusiva zona residencial. Pensando en acomodar monumentos, parques, altos cargos e instituciones de prestigio, la señora Mary Henderson impulsó la construcción de varios palacetes. Uno de ellos estaba destinado a ser la residencia oficial del vicepresidente de Estados Unidos, pero en 1927 se convirtió en la Embajada de España. Sin que nadie pudiera sospechar que quince años después esa propiedad dotada de un típico patio andaluz sería objetivo prioritario para los servicios de inteligencia americanos.
En 1942, Estados Unidos seguía con especial atención estratégica al régimen del general Franco. Los americanos se preparaban para empezar por el norte de África su ofensiva europea en la Segunda Guerra Mundial y sabían que España era clave en la llamada Operación Torch. Para satisfacer toda esa imperiosa necesidad de información, la Oficina de Servicios Estratégicos —conocida por sus siglas en inglés OSS y precursora de la actual CIA— se empleó a fondo. Su primer objetivo: acceder a las comunicaciones confidenciales entre las autoridades de Madrid y su representación diplomática en Washington.
El primer obstáculo al que se enfrentaron los agentes de la OSS fue infiltrarse entre el personal de la embajada. A partir de una trama tan paciente como elaborada, empezaron por reclutar a una joven estudiante americana, con un nivel excelente de español. La joven fue alojada en la misma pensión de la avenida Connecticut donde vivían otras secretarias de la sede diplomática de España.
El siguiente paso fue crear una oportuna vacante laboral para su agente, conocida por el código «Ella». Para lograrlo, contaron con la ayuda de la International Telephone and Telegraph Company, que les permitió anunciar una plaza de secretaria bilingüe en sus oficinas de Nueva York con un irresistible sueldo de 400 dólares al mes. De todas las secretarias en la embajada, una tal María se dejó tentar. Y en abril de 1942, la OSS logró que la sucesora de la empleada fichada por ITT fuera su «topo».
La agente americana no perdió el tiempo. En una semana, la joven había dibujado un detallado mapa de todas las dependencias diplomáticas. Además de averiguar que el libro de claves utilizado para codificar las comunicaciones con Madrid se guardaba en una caja fuerte, de la marca Shaw Walker, situada en el despacho del ministro consejero. La infiltrada incluso intentó deducir la combinación, pero no tuvo suerte.
Al final, la OSS ordenó a su agente el sabotaje del mecanismo de apertura de la perseguida caja fuerte. Y cuando se llamó a los fabricantes para su reparación, los espías americanos pudieron enviar a uno de sus especialistas, un ladrón profesional recolocado. Con la combinación en sus manos, este cerrajero de confianza y otros agentes entraron a las 10.30 de la noche del 29 de julio de 1942 en la embajada y consiguieron hacerse con todas las claves.
En un apartamento cercano, otro equipo de la OSS se dedicó febrilmente a copiar todo el material intervenido con ayuda de 3.400 fotografías. En cuestión de unas tres horas, las claves originales volvieron a la trajinada caja fuerte. Y Estados Unidos pudo empezar a descifrar el flujo de comunicaciones entre Madrid y la embajada en Washington. El único problema es que toda esa operación debía repetirse cada mes, cuando los diplomáticos españoles cumplían con la precaución de cambiar sus códigos.
Todo perfecto hasta que, en octubre, las nocturnas incursiones en la Embajada de España se toparon con un «overbooking» de espías producto de la rivalidad entre la OSS y el FBI, a las órdenes de Edgar Hoover. La consiguiente bronca de competencias llegó hasta la Casa Blanca. Al final, el presidente Roosevelt ordenó que solo el FBI se encargase del espionaje diplomático, pero con la obligación de compartir secretos con los servicios de inteligencia dirigidos por Donovan.

El Pelayo la ultima baza española en el desaste del 98.


Mayo de 1898. España estaba contra las cuerdas. A punto de perder sus últimas posesiones ultramarinas, a las puertas del «Desastre». Las fuerzas del decadente imperio español combatían con suerte esquiva con las del rampante imperio yanqui. La marina estadounidense se enseñoreaba de las aguas de Cuba y en Cavite, Filipinas, las fuerzas del comodoro George Dewey desarbolaban las defensas hispanas. En tan adversas circunstancias, el Ministerio de Marina español ideó un arriesgado plan para tratar de revertir el curso de la guerra: golpear al enemigo en su propio territorio, enviar una flota a bombardear la mismísima costa este de los Estados Unidos.
En Norteamérica la contienda se entendía como camino de expansión, de ampliación del patrimonio. En España los círculos políticos e intelectuales creían que se luchaba por la misma supervivencia de la nación. Cuba y Filipinas no eran propiedades de España, eran parte sustancial de la misma. Lo había expresado el presidente del Gobierno, Antonio Cánovas del Castillo, en el Congreso cuando anunció que, en Cuba, España se dejaría «hasta el último hombre, hasta la última peseta». Aún sabiendo que la mermada España de finales del XIX se enfrentaba a un enemigo superior, Cánovas había dicho en 1896: «Si, desgraciadamente, un día el pueblo español creyere que la empresa (…) era superior a su conveniencia (…) yo habría dejado de ser hombre político para siempre jamás (…) acabando aquel día, probablemente, también mi vida personal». Cuba era para los españoles de entonces una cuestión de honor. Así que, imbuidos políticos y opinión pública en Madrid de una especie de espíritu quijotesco, se decidió intentar lo que la historiografía bautizó como «el contragolpe español». Mejor morir que perder la honra.
La única esperanza pasaba por dar un puñetazo en la mesa. Bloqueadas las fuerzas navales en Cuba y debeladas las de Filipinas, el Gobierno decidió jugarse el todo por el todo en una última baza y enviar una escuadra a atacar las mismas ciudades costeras de los Estados Unidos. Sería la del almirante Manuel de la Cámara y Livemoore la encargada de ejecutar tan peligroso cometido.
La misión era de lo más comprometida. Las mejores unidades disponibles de la Armada española tendrían que atravesar las aguas del Atlántico y adentrarse en los dominios del gigante para buscarle las cosquillas en sus propias barbas. Se pretendía obligar a Washington a un repliegue de sus fuerzas y así aliviar la presión sobre Cuba y Filipinas. La idea no era ni mucho menos descabellada. Desde que conoció los propósitos del Estado Mayor español, el Gobierno norteamericano ordenó que se dejaran de iluminar las ciudades de la costa este para dificultar el temido raid hispano. El miedo se apoderó de muchos estadounidenses.
Rumbo a los Estados Unidos zarpó una escuadra en la que formaron destructores de la «Clase Furor», veloces y bien artillados: los buques «Audaz», «Osado» y «Proserpina», que prestarían escolta a los cruceros auxiliares «Patriota» y «Meteoro» y el crucero «Carlos V». Pero la estrella de la flota era el poderoso acorazado «Pelayo», principal motivo para la preocupación de los mandos militares enemigos. El «Pelayo» y el «Carlos V» superaban por sí solos en potencia de fuego y tonelaje a toda la escuadra con la que Dewey combatía en Filipinas.
Las fuerzas de Cámara se dividieron en dos fracciones, una de las cuales debería navegar rumbo a Halifax, en Canadá, donde recibiría las instrucciones para lanzarse al ataque de las costas estadounidenses, con el objetivo preferente de la base naval de West Key. La segunda tendría como destino aguas brasileñas, desde las que se dedicaría a hostigar el tráfico mercante enemigo.
Pero por más que el Gobierno español quisiera en último trance recurrir a lo que le quedaba de músculo naval, lo que nunca pudo superar fue su aislamiento internacional, lo que a la postre dejó el «contragolpe español» en simple amago. Las presiones y trabas de Gran Bretaña, que no deseaba que la contienda se extendiera al Atlántico entorpeciendo la navegación comercial y puso cuantas trabas pudo en los puertos bajo su control o influencia, dieron al traste con el proyecto. Así, antes de que las armas españolas pudieran siquiera asomarse a territorio enemigo, el Gobierno recibió las noticias de la alarmante situación en Filipinas y ordenó redirigir la flota hacia el archipiélago asiático, con la esperanza de forzar unas negociaciones que permitieran conservar al menos una parte del mismo. Pero tampoco en esto se tuvo éxito. El Gobierno egipcio, títere de Londres, no permitió a los buques españoles aprovisionarse de carbón en sus puertos, demostrando de nuevo la total orfandad internacional de la causa hispana en la guerra.

El presidente de España más efímero.


Este no es ni más ni menos que Don Serafín María de Sotto, conde de Clonard, mariscal que presidió el Consejo de Ministros por el sorprendente plazo de ¡un día!
Corría el 19 de octubre de 1849 cuando la Reina Isabel II encomendó al conde la dirección del Gobierno de la Nación, influida en su decisión por dos de los religiosos en los que más confiaba, el padre Fulgencio, su confesor, y sor Patrocinio, conocida popularmente como «la monja de las llagas», extravagante personaje que tenía gran ascendiente sobre la joven reina.
Pero el bueno de Serafín casi no tendría tiempo para desarrollar su labor. Aupado por los sectores más conservadores de la corte, pronto, muy pronto, el descontento popular obligó a la soberana a rectificar y a removerlo del Gobierno. Al día siguiente de su nombramiento fue relevado, convirtiéndose en el presidente que menos tiempo aguantó en el cargo.
De Sotto había nacido en Barcelona en1793. Militar de vocación, había destacado en la Guerra de Independencia, en la que resultó herido, y en la Primera Guerra Carlista. Antes que presidente del Gobierno había sido ministro de la Guerra y director del Colegio General Militar de Toledo. Su pasión por la milicia le llevó a escribir algunas relevantes obras sobre la historia del Ejército español, como la «Historia orgánica de las armas de Infantería y Caballería españolas» o la «Memoria histórica de las academias militares de España». También legó un «Álbum de la infantería española» y un «Álbum de la Caballería».
El caso del frustrado Gobierno De Sotto fue uno más de los sucesivos gabinetes ministeriales cesados a las primeras de cambio que son la constante en todo el siglo XIX español. El suyo fue el caso más extremo de gobernante fugaz.

domingo, 2 de octubre de 2011

La historia del Cordero Místico de Van Eyck



"Después de esto miré, y he aquí que vi una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas con palmas en las manos; y clamaban a gran voz diciendo: la salvación pertenece a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero (...) porque el Cordero los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas de vida y Dios enjugará toda lágrima en los ojos de ellos".
Apocalipsis.

Lo que la Biblia describió con palabras lo imaginó y pintó en 1432 Jan van Eyck ayudado por su hermano Hubert en La adoración del Cordero Místico, 24 tablas que se convirtieron, junto al matrimonio Arnolfini, en su obra maestra y, sobre todo, en el punto del triunfo del óleo sobre la tabla y del advenimiento del arte renacentista. En el centro de la composición, hoy situada en la Catedral de San Bavón de la ciudad de Gante, el Cordero, místico y misterioso, sigue mirando a la Historia rodeado de multitud de escenas (un ciclo que arranca con la creación y que nos lleva a los profetas, la Anunciación, a los santos...).

Con todo esto es lógico imaginarlo como un cuadro deseado a lo largo de los siglos. Tanto, que hasta en trece ocasiones ha sido robado y, además, por los motivos más improbables. "Era la obra más famosa del mundo cuando fue terminada y fue la primera pintura al óleo, la que inspiró a los artistas para utilizar este material durante los siguientes cinco siglos. Van Eyck es un precursor de realismo, nadie había visto antes una obra similar. Su fama era contagiosa, la gente lo deseaba porque había sido buscado por los hombres más poderosos, de Napoleón a Hitler. Pero también sucede que se conserva en un lugar, Bélgica, que lamentablemente ha sido el campo de batalla de las guerras europeas a lo largo de los siglos: Desde el XVI a la Segunda Guerra Mundial, los ejércitos se paseaban por este país intentando llevarse el objeto más famoso del lugar. El retablo funciona como un trofeo de guerra, una forma de demostrar el poder, un verdadero símbolo".


Solo rapiña, ¿o buscaban algo mas? Difícil saberlo.

Se desvela el misterio de la rana y la calavera de la universidad de salamanca.


El batracio se posa desde hace medio milenio sobre una calavera labrada en la fachada plateresca de la Universidad de Salamanca.
Cada día miles de personas apuntan su dedo y con un poco de destreza visual buscan hasta encontrar este elemento y de esta forma, según la tradición tener éxito en los estudios. Desenmascarar la simbología de este ornamento es otra cosa distinta.
En su origen, la rana era un elemento secundario tras la fuerza del escudo de los Reyes Católicos. En aquel siglo XVI daba sus primeros pasos la secularización de la Universidad que dejaba de depender del papado para pasar a hacerlo de la Monarquía. De ahí que la efigie de Isabel y Fernando circundada por la leyenda 'Los Reyes para la Universidad y ésta para los Reyes' que es el elemento central de esa especie de retablo elaborado con la piedra franca extraída de las canteras de la vecina Villamayor.
Ahora se sostiene que el conjunto de la rana y la calavera sobre la que se posa pretende mandar un mensaje iconográfico para burlar de esta manera a la inquisición y añade un detalle que ayuda a comprender la historia.
Se considera que el conjunto que forman las tres calaveras apostadas en la pilastra de la parte derecha representa a los tres hijos de los monarcas fallecidos antes de la construcción de la fachada (Isabel, María y Juan). El elemento antropomorfo representa al príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos fallecido en 1497 sin haber cumplido los 20 años.
La esposa de Juan de Aragón y castilla, fue Margarita de Austria hermana de Felipe El Hermoso. Si sacó los genes de su hermano seguramente también era hermosa, lo que justificaría el desenfreno lujurioso que por lo visto sentía el príncipe y que, al parecer, le llevó a morir de amor. Con la rana sobre su calavera se le identifica como tal, como lujurioso. La idea, heredada de un viejo proverbio sefardí, podría haberse dejado clara si se hubiera acompañado de un lema que jamás llegó a ser tallado por no ofender la moral de la época y no arriesgar la vida del autor ante las garras de la inquisición a quien no gustaban los pecados capitales.

sábado, 1 de octubre de 2011

David Cameron piensa que el KGB intentó reclutarle en 1985


David Cameron, primer ministro de Inglaterra cree que durante un viaje a la antigua Unión Soviética, agentes de la KGB intentaron reclutarlo.
En un discurso ante los estudiantes de la Universidad Estatal de Moscú, recordó su primera visita a Rusia en los últimos años de la Guerra Fría en 1985. "Cogí el ferrocarril Transiberiano desde Moscú a Najodka y llegue a la costa del mar Negro, donde aparecieron dos rusos, que hablaban un inglés perfecto, en una playa utilizada mayoritariamente por extranjeros", comentó.
Me invitaron a una cena, y me preguntaron sobre la vida en Inglaterra y lo que pensaba sobre política", dijo el Cameron durante una conferencia en la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad de Moscú.
"A mi regreso se lo conté a mi tutor en la universidad y él me preguntó si había sido una entrevista", agregó.
"Si lo fue, parece que no logré el puesto", relató el líder británico, que viajó en 1985, año de ascenso al poder de Mijail Gorbachov.
Posteriormente, en una conferencia de prensa conjunta con Cameron, el presidente ruso, Dmitri Medvedev, bromeó al responder a una pregunta de un periodista británico sobre los posibles intentos del KGB de contratar a Cameron.
"Estoy seguro de que David hubiera sido un muy buen agente del KGB. Pero en ese caso nunca habría llegado a ser primer ministro británico", respondió.
Cameron ya había contado esta anécdota en una entrevista de radio en 2006, al explicar que el incidente sorprendió a los que le investigaron cuando se iba a convertir en un asesor del Tesoro británico en la década de 1990.