sábado, 16 de junio de 2012

El curioso caso de Anna O.

Se cumplen 76 años del fallecimiento de la que hoy muchos conocerán como Anna O. Aunque es Bertha Pappenheim el verdadero nombre de esta paciente histérica cuyo caso permitiría al prestigioso Josef Breuer y al mismísimo Sigmund Freud establecer las bases de lo que hoy llamamos psicoterapia.
Corría el año 1880 cuando llegó a manos del psicólogo y fisiólogo austríaco Josef Breuer el curioso caso de una joven de 21 años con un claro diagnóstico de histeria, una enfermedad nerviosa que por aquel entonces afectaba aun gran número de mujeres (de ahí su etimología, en referencia al útero). El pseudónimo que pasó a la historia se lo debemos a Breuer, que bautizó así su historia clínica.
Así, Anna O llegó a padecer ceguera, sordera, parálisis parcial de brazos y piernas, estrabismo ocular y, lo más llamativo, una grave afección en el lenguaje (parafasia) que le llevaba en ocasiones a perder la capacidad del habla o incluso a olvidarse de su lenguaje nativo, el alemán, sustituyéndolo por otros que ni siquiera dominaba, como el inglés o el francés.
Esta joven, que en palabras del doctor «llevaba una vida en extremo monótona» (cuidaba a su padre enfermo), llegó a padecer un complicadísimo cuadro de síntomas, a primera vista inconexos y aleatorios, pero a los que, tras más de un año de tratamiento, el médico vienés encontraría explicación mediante un paciente buceo en el subconsciente de Pappenheim.
Tal fue el caso que durante un período extenso del tratamiento, según cuenta Breuer, «solo hablaba inglés y no entendía lo que se le decía en alemán». O incluso, realizaba de forma inconsciente la lectura en alto en inglés de textos escritos en francés o italiano.
Entre muchos de los episodios dignos de mención podemos destacar aquel en el que a Bertha «se le volvió imposible beber». Tras unas seis semanas a base de frutas que le proporcionaban hidratación, la joven desveló en una sesión de hipnosis el trauma que provocó aquella hidrofobia: su dama de compañía había dado de beber a su perro del mismo vaso. Y el mero hecho de revivir a través de la palabra aquella visión desbloqueó el «asqueroso» recuerdo y permitió a Anna O volver a beber.
Ahí estaba la clave. La «cura del habla», es decir, el relato de los hechos traumáticos parecía aliviar, al menos parcialmente, la angustia de la paciente. Con una terapia improvisada, Breuer había dado con un posible método de curación para la histeria, que transmitiría a su colega Sigmund Freud, el cual a su vez, lo adoptaría dentro de su conocidísima Teoría del Psicoanálisis.
Bertha Pappenheim fue internada en centros psiquiátricos en dos ocasiones, antes y después del tratamiento con Josef Breuer. Este dato indica que la psicoterapia finalizó sin que Anna estuviese totalmente curada, hecho que el propio Freud atribuye en sus escritos a que el estrechamiento de la relación entre paciente y médico precipitara la interrupción de la terapia.

Vía,ABC.es

domingo, 27 de mayo de 2012

El OVNI recuperado por la Armada en Ferrol en 1966 era en realidad un prototipo espía de la NASA.

Se trata de un suceso al que las crónicas trataron de darle un halo de misterio, bautizándolo como el OVNI de La Graña (Ferrol). Pero décadas más tarde, el suceso ha ido poco a poco desmitificándose: se trató, en realidad, del accidente de un prototipo UAV espía de la NASA.
Según el testimonio de los testigos, recogido en las crónicas periodísticas de la época, lo que se vio en los cielos de Ferrol aquella noche de invierno de 1966 era un aparato luminoso que desprendía luces de varios colores. Tras sobrevolar la Ría ferrolana, desapareció mar adentro.
Aquel supuesto ‘OVNI’, que fue uno de los muchos objetos desconocidos que surcaron los cielos de Ferrol en aquellos años 60, fue hallado horas más tarde en alta mar por unos pescadores que faenaban en la zona.
Fueron éstos los que recogieron los restos del aparato estrellado en el mar y lo subieron a bordo de su embarcación. Constataron que se trataba de tecnología poco común, con muchas luces y sistemas electrónicos que no supieron identificar. A su vuelta al puerto de Ferrol, un grupo de militares de la Armada les esperaba para asumir la custodia del aparato.
Los mandos militares de la base de submarinos de La Graña, en Ferrol, exigieron mantener en secreto aquel suceso. “Ni a nuestros familiares podíamos decirles absolutamente nada de aquello”.
Aquel aparato era del tamaño aproximado de un caza F86 Sabre de la época, pero sin alas y con una gran tobera en su parte posterior –que indica que se trataba de un sistema de despegue vertical-.
Estaba fabricado en un material amarillento, similar al que puede verse en algunos satélites o en el módulo lunar del Apollo. Según fuentes expertas en el sector aeroespacial, este papel de oro es un material muy ligero y extremadamente resistente al calor. Se utiliza en aquellos aparatos cuyos motores alcanzan altísimas temperaturas.
Los militares de la Armada, tras exigir silencio absoluto a los pescadores que recogieron el aparato en el mar, lo montaron en una góndola del Ejército y ésta fue escoltada por un convoy de vehículos hasta La Graña.
Allí fue recogida en uno de los grandes túneles –“en el tercero”- que horadan un monte que hay en el interior de la base.
Ingenieros del Ejército del Aire acudieron en las primeras horas de custodia hasta la base de la Armada, con el objetivo de analizar los restos y determinar cuál era el objetivo del aparato. Por aquel entonces, los militares ya habían descubierto el logo de la agencia aeroespacial estadounidense y las siglas NASA impresas en el fuselaje del artilugio.
“Se trataba de una especie de UAV rudimentario para estos tiempos, pero mucho más avanzado tecnológicamente que cualquier cosa que hubieras visto o nos hubieran contado por aquel entonces”.
Finalmente, los ingenieros determinaron que se trataba de algún tipo de aparato espía, ya que contaba con cámaras y estaba diseñado para “hacer poco ruido” y desprender una firma térmica muy baja.
La Armada comunicó el hallazgo en las primeras horas a la base norteamericana de Rota. Durante las horas que este prototipo estuvo en Ferrol fue visto por apenas dos docenas de personas. Un grupo de militares estadounidenses se presentó en Ferrol y se llevó el aparato a bordo de un camión militar. Nunca se volvió a saber nada de su paradero.

Vía.Elconfidencial.com

Anteo Zamboni, el niño que intentó matar a Mussolini.

«Nada puede sucederme antes de que mi obra sea terminada», le dijo Mussolini al jefe del partido fascista boloñés, haciéndole entrega de la banda de San Mauricio agujereada por la bala que a punto estuvo de costarle la vida, el 31 de octubre de 1926. Era el cuarto atentado que sufría el «Duce», el tercero de ese mismo año, con la diferencia de que este no fue perpetrado por un enemigo feroz o un miembro de la oposición, sino por un chaval de 15 años que, con el paso de los años, acabó convirtiéndose en un símbolo de la lucha antifascista italiana. Su nombre: Anteo Zamboni.
Aunque tradicionalmente se consideró a Zamboni como un anarquista prematuro y convencido, lo cierto es que este hecho jamás fue probado, ni esclarecidas las motivaciones que le llevaron a intentar asesinar a Mussolini, que ya se había convertido en uno de los hombres más poderosos de Italia, como líder del Partido Nacional Fascista y presidente del Consejo de Ministros con plenos poderes en los ámbitos económico y administrativo.
El «Duce» había acudido a Bolonia para inaugurar el nuevo estadio «il Littoriale» en el contexto de la conmemoración de la marcha sobre Roma. Tras el solemne acto, que llevaba semanas preparándose, Mussolini se subió a su coche oficial descapotable y se dirigió, «entre ovaciones delirantes», a la estación.
Fue ese instante el que aprovechó Zamboni, mezclado entre las masas. «El criminal logró colocarse en primera fila entre la muchedumbre, y al pasar el vehículo presidencial se adelantó e hizo fuego con una pistola que disimulaba en su bolsillo», contaba el diario católico «El Siglo Futuro», que relató cómo el «Duce» había salvado la vida casi por milagro: «El disparo partió la banda de San Marino y un pedazo de uniforme a la altura del pecho, atravesando luego la manga del chaqué al alcalde de Bolonia».
A Zamboni no le dio tiempo a hacer un disparo más, pues inmediatamente después una horda de fascistas indignados se echó encima para lincharle. Cuando se retiraron, su cuerpo presentaba nada menos que 14 puñaladas, un balazo y signos de estrangulamiento.
Curiosamente, el hombre que lo identificó como autor del disparo en los primeros instantes de confusión y lo detuvo después fue el oficial de caballería Carlo Alberto Pasolini, padre del mítico director de cine Pier Paolo Pasolini.
La prensa del mundo entero pronto se hizo eco de que aquel chico que pudo haber cambiado la historia, y al que le dedicaron después una calle en Bolonia, era «un niño de quince años de familia honrada». «Fue identificado por su propio padre que, preocupado por la ausencia de su hijo, salió a buscarlo por la ciudad y, no encontrándolo, se dirigió al retén de Policía, donde le fue presentado el cadáver».
Posteriormente aparecieron nuevas versiones sobre el suceso. Se dijo que Zamboni no era el autor o que los vínculos entre la familia de chico y el político fascista Leandro Arpinati fueron el móvil.
Zamboni no pudo aclararlo, no le dieron tiempo. Sus padres tampoco, pero, acusados de «anarquistas militantes», fueron condenados a 30 años de prisión por instigadores.

Vía.ABC

sábado, 26 de mayo de 2012

Descubren una lengua desconocida de 2.800 años en Turquía.

Lishpisibe, Bisinume, Sasime. Son algunos de los exóticos nombres de mujer hallados en una tablilla de arcilla grabada durante el Imperio Asirio, hace 2.800 años, y que han permitido descubrir una lengua desconocida hasta la fecha.
"Sabemos que son nombres de mujeres porque a cada uno le antecede el símbolo asirio cuneiforme de 'nombre femenino'.
La tablilla excavada en el yacimiento de Ziyaret Tepe, en el sureste de Turquía, fue descubierta en 2009 y presenta una inscripción en el cuneiforme asirio habitual en el imperio. Pero su contenido es una sorpresa: la lista abarca 60 nombres relacionados con el registro del palacio de Tushan, residencia de un gobernador del Imperio Asirio en el siglo VIII a.C., y 45 de ellas tienen un origen distinto a cualquier lengua registrada por los arqueólogos.
Por la morfología de los nombres es obvio que no corresponden al asirio ni al arameo ni a ningún otro lenguaje hablado en el Imperio Asirio del que se tenga constancia.
La lista se refiere a un grupo de mujeres oriundas de una región alejada y trasladadas al imperio, posiblemente a la fuerza, como era frecuente en aquella época. "Podrían proceder de los Montes Zagros en Irán", en otros documentos asirios hay una mención a un idioma llamado "mejranio", que se habría hablado en aquella zona, entonces bajo dominio asirio, pero del que no se sabe nada más.
"Los nombres se leen como Lishpisibe, Bisinume, Sasime, Anamkuri, Alaqitapi, Rigahe...", no se tiene claves sobre el tronco lingüístico al que podrían pertenecer.  No es una lengua irania (rama a la que pertenece el kurdo, hablado hoy en la zona)".
Sería posible, que esté relacionada con alguna de las diversas lenguas que se hablan hoy en el Cáucaso y forman parte de tres troncos lingüísticos completamente aislados de cualquier otro idioma.
"Ahora empieza el trabajo para los lingüistas modernos que conocen los idiomas caucásicos y que tal vez puedan hallar alguna relación". Si bien hay tablillas en asirio procedentes de la antigua ciudad excavada en el yacimiento, la descubierta en 2009 es la única encontrada hasta ahora en el palacio, aunque se cree que el edificio puedo albergar otras piezas.
Lo que no sabe es si podrá hallarlas: parte del yacimiento quedará sumergido cuando se complete la presa de Ilisu en el río Tigris, un proyecto hidráulico que lleva años en construcción y que inundará una vasta parte del valle fluvial.


Vía.ABC.es

Vasili Arkhipov, el marino soviético que salvó el mundo.

Un tipo llamado Vasili Arkhipov salvó al mundo». Así explicó Thomas S. Blanton, director del Archivo de Seguridad Nacional de EE.UU, el papel protagonista desempeñado por un desconocido marino soviético en la crisis de los misiles cubanos de 1962. De aquel episodio la humanidad recuerda que los Estados Unidos y la Unión Soviética estuvieron a punto de arrastrarla al abismo en su pulso nuclear. Lo que poca gente conoce es que fue la decisión de una sola persona, Arkhipov, la que evitó que estallara la que habría supuesto la tercera guerra mundial.
Pongámonos en antecedentes. Arkhipov es uno de los tres oficiales al mando de un submarino soviético B-59, un sumergible de ataque al que la OTAN denominaba Clase Foxtrot. En los últimos días de octubre de 1962 navega sumergido junto a otros cuatro submarinos similares con destino a Cuba. La URSS ha instalado secretamente en suelo cubano varias lanzaderas de misiles nucleares, capaces de alcanzar territorio estadounidense en apenas unos minutos. Es la respuesta al despliegue previo de proyectiles atómicos de Estados Unidos en tierras de Turquía, una amenaza capaz de golpear y devastar Moscú en apenas un cuarto de hora.
En medio de esa escalada de tensión, la 69 Brigada Submarina Soviética, en la que se encuadra la nave de Arkhipov, se dirige hacia aguas cubanas. Su misión, burlar el embargo que la Armada norteamericana ha dispuesto en torno a la isla y establecer una base submarina en la bahía de Mariel, en la costa norte de Cuba. El B-59 de Arkhipov va equipado con torpedos nucleares, una carga letal para una guerra desastrosa que cada vez se ve como más inminente. Pocos días antes, un avión espía U-2 de los Estados Unidos ha caído derribado en suelo cubano y un grupo de cazas MIG soviéticos ataca a otro de estos aparatos mientras completaba un vuelo de reconocimiento en Siberia.
Mientras en el Pentágono se ultiman los detalles para la invasión final de la Cuba castrista y prosoviética, los buques de la US Navy y los aviones espías de la CIA sobrevuelan el Caribe en busca de embarcaciones soviéticas intentando introducir más armamento nuclear en la isla. Las instrucciones del secretario de Defensa Robert Mcnamara son claras: si detectan cualquier intruso, los buques norteamericanos deben obligarlo a emerger e identificarse y bloquear su acceso. Una de esas embarcaciones es el B-59. El máximo responsable del buque, Vitaly Savitsky, lleva como segundos a bordo a Arkhipov y un oficial político.
A media tarde del 27 de octubre de 1962 los acontecimientos se precipitan. Un grupo de destructores estadounidenses detecta la brigada del B-59. Ignorando que se las ven con buques con armamento nuclear, los barcos norteamericanos comienzan a lanzar cargas de profundidad para forzar a los submarinos soviéticos a emerger. A bordo del sumergible de Arkhipov se viven momentos de pánico y caos. Ante la gravedad de los acontecimientos, el trío de oficiales al mando había zarpado de la URSS con autorización para lanzar sus torpedos nucleares si todos ellos estaban de acuerdo en hacerlo. Sin comunicación con Moscú, y dudando si ya había estallado la guerra entre las dos superpotencias, bajo las aguas del Caribe, con medio mundo pendiente de sus televisores, de las decisiones de Kennedy y de Kruschev, un grupo de marinos acosados tendría que decidir el destino de la humanidad.
El oficial de comunicaciones Vladimir Orlov vivió a bordo aquellos dramáticos instantes. Según su versión, tras una larga travesía transoceánica sumergidos, la tripulación y el capitán Savitsky «estaban exhaustos». Las cargas de los destructores norteamericanos explotaban a pocos metros del casco del submarino soviético. «Era como estar sentado en un barril de metal que alguien golpea continuamente con un martillo». Así hostigado, al límite de su resistencia psicológica, presionado por una marinería que exigía defenderse, Savitsky hace un último intento de contactar con Moscú. Enfurecido y desesperado, decide lanzar su mortífero torpedo, aun a sabiendas de que sería el fin también para él y sus hombres: «Los volaremos por los aires; moriremos todos pero hundiremos todos sus barcos», exclama antes de reunir a sus dos segundos a bordo para ratificar una decisión que requiere su consentimiento.
En medio del bombardeo yanqui, a unos centenares de metros bajo el Caribe, los tres marinos celebran una reunión que decidió el destino de la humanidad. Savitsky quiere abrir fuego, el oficial político está de acuerdo. Solo falta Arkhipov. Pero él dice que no. En esas circunstancias extremas, únicamente la frialdad y el coraje de un hombre evitan lo que habría supuesto una catástrofe sin precedentes.
Arkhipov convence a Savitsky de que haga emerger el submarino. El B-59 asoma a la superficie y da media vuelta a la espera de instrucciones del Kremlin rehuyendo el enfrentamiento con la Task Force norteamericana. Pocas horas después, Kennedy y Kruschev alcanzan un acuerdo.
Nadie lo supo entonces, ni siquiera Kennedy, pero Arkhipov salvó aquel sábado al mundo. Su historia no se hizo pública hasta 2002. En un congreso celebrado en La Habana a los cuarenta años de aquel episodio, Mcnamara, basándose en documentos estadounidenses desclasificados, admitió que la guerra nuclear estuvo más cerca de lo que nadie había pensado. Thomas S. Blanton aclaró a que se refería: «Un tipo llamado Vasili Arkhipov salvó al mundo». Aquel tipo había muerto tres años antes.

Vía.ABC.es

Descubren el calendario maya más antiguo.

Un equipo de arqueólogos ha descubierto en el yacimiento de Xultún, una gran ciudad escondida en la selva de Petén, en Guatemala, el calendario maya más antiguo que se conoce. Estas tablas astronómicas del siglo IX, que anteceden en varios siglos a los famosos códices mayas escritos en papel de corteza, están pintadas en los muros intactos de lo que parece ser la vivienda de un escribano. Las paredes, adornadas con pinturas únicas, están repletas de cientos de números garabateados. Los glifos son cálculos de ciclos: el ceremonial de 260 días, el solar de 365 días, el de 584 días del planeta Venus y el de 780 días de Marte. Las tablas, que intentan encontrar la armonía entre los eventos celestes y los rituales sagrados, se extienden unos 7.000 años en el futuro y son cíclicas, por lo que, según los investigadores, no proporcionan ninguna señal para pensar que el fin del mundo ocurrirá en diciembre de 2012, como la creencia popular se empeña en mantener.
Xultún, un área de 12 kilómetros cuadrados donde decenas de miles de personas vivieron una vez, comenzó a construirse en el siglo I antes de Cristo. El lugar prosperó hasta el final del período Clásico maya,su último monumento data del año 890 D.c. Quedó en el olvido hasta que fue descubierto hace unos cien años por unos trabajadores guatemaltecos. En 2010, una expedición sacó a la luz una vivienda de la antigua ciudad oculta por la vegetación, a un metro bajo la superficie.
Lo que había dentro asombró a los arqueólogos. Tres muros pintados, cada uno con su propia historia, prácticamente intactos. En ellos, pequeños glifos rojos y negros arriba y abajo por toda la pared, barras y puntos que representan columnas de números. «No es un templo ni un monumento. Por primera vez, teníamos ante nuestros ojos los registros reales en poder de un escribano». «Es como ver un episodio de la serie de televisión 'Big Bang Theory', utilizaban las paredes como un pizarrón para escribir sus problemas matemáticos», continúa. El investigador cree que los escribanos o astrónomos de la época copiaron los datos de «algún libro que no ha llegado hasta nuestros días».
Las pinturas representan el primer arte maya encontrado en las paredes de una casa. El muro norte, al frente según se entra en la habitación, muestra a un rey sentado, vestido con plumas azules. La imagen de otro hombre aparece en un vibrante color naranja. Los glifos cerca de su cara le llaman «hermano más joven de Obsidian», un curioso título rara vez visto en los sitios mayas. Saturno cree que puede tratarse del hijo o del hermano menor del rey, posiblemente el escriba que vivió en la casa.
En la pared oeste, otras tres misteriosas figuras masculinas aparecen pintadas de negro, con taparrabos blancos, medallones alrededor de sus cuellos y tocados con una pluma, algo que también supone una novedad. Una especialmente corpulenta «como un luchador de sumo» es el «hermano mayor de Obsidian».
Pero lo que sin duda resulta más atractivo y misterioso son los calendarios y los cálculos que, en vez de en códices, como ocurriría cientos de años después -el más famoso es el códice de Dresde-, han aparecido escritos en las paredes. El muro oriental está dominado por figuras numéricas, incluidas las columnas de números que representan los cálculos de conteo y calendario. Algunos siguen las fases de la Luna, otros intentan reconciliar los períodos lunares con el calendario solar, «una forma de predecir eclipses», dice Saturno. Incluso algunas notas pintadas en rojo junto a los cálculos parecen correcciones. «Los mayas tenían grandes conocimientos de astronomía», dice el arqueólogo. «Los utilizaban para planificar sus eventos en sus vidas, como por ejemplo la coronación del rey o cuándo empezar una guerra con otro pueblo».
Precisamente, en el muro norte cuatro largos números que representan de un tercio de millón a 2,5 millones de días reúnen todos los ciclos astronómicos que los mayas consideraban importantes, como los de Marte, Venus y los eclipses lunares. Estas fechas se extienden unos 7.000 años en el futuro, demasiado tiempo como para considerar que el mundo puede acabar en 2012.

Vía.ABC.es

El Vaticano sabía el genocidio argentino en 1978

La Conferencia Episcopal de Argentina informó al Vaticano de que los desaparecidos eran exterminados por la dictadura militar (1976-1983), con anterioridad al Mundial de Fútbol de 1978, cuando varios países de Europa quisieron plantar cara no enviando a sus seleccionados como boicot al régimen y su 'guerra sucia' contra opositores políticos.
Así se desprende de un documento secreto de la Conferencia Episcopal Argentina, borrador del que fue enviado al Papa Pablo VI, desclasificado por el diario oficialista 'Página 12',
En ese papel los obispos Raúl Primatesta, Juan Carlos Aramburu y Vicente Zazpe –todos ya fallecidos- dejaron mecanografiado un resumen del diálogo que sostuvieron con el dictador Jorge Videla (1976-1981) en la Casa Rosada. Fue el 10 de abril de 1978 cuando acudieron invitados por el tirano a una comida en el palacio gubernamental.
Antes de nada los monseñores destacaron que "la reunión se desarrolló en un ambiente de cordialidad y sinceridad". Y consignaron que al preguntar qué suerte corrían los secuestrados y desaparecidos "el presidente respondió que aparentemente lo más obvio sería decir que éstos ya están muertos, pero se trataría de pasar una línea divisoria y decir que han desaparecido y no están".
También le transmitieron a Videla su preocupación porque "nosotros realmente tenemos que hacer frente" a "las quejas de los familiares de los desaparecidos" y ante la inminente Asamblea de Puebla "se pueden hacer cuestionamientos que de alguna manera tendremos que responder". El "Presidente", contaron, "lo admitió" pero sostuvo que "no encontraba solución, no hay una respuesta satisfactoria".
No obstante, el obispo Primatesta dejó aclarado que "la Iglesia quiere comprender, cooperar, que es consciente del estado caótico en que estaba el país" y que era consciente "del daño que se le puede hacer al gobierno con referencia al bien común si no se guarda la debida altura".
Sin embargo, ello no libró a la Iglesia de contar con sus propios mártires. En la matanza de la parroquia de San Patricio, el 4 de julio de 1976, fueron asesinados el seminarista gallego Salvador Barbeito Doval, de 29 años, y sus compañeros sacerdotes palotinos Alfredo Leaden, Pedro Duffau, Alfredo Kelly, y Emilio Barletti.
Y los monseñores Carlos Ponce De León y Enrique Angelelli, obispos de San Nicolás y La Rioja, respectivamente, murieron en sendos accidentes automovilísticos. En los últimos años, la Justicia destapó que esos oscuros hechos fortuitos en verdad fueron ejecuciones de los servicios de inteligencia de la dictadura. También las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Dumon fueron arrojadas vivas al mar desde los 'vuelos de la muerte'.
Tres décadas después de aquel festín de sangre, Videla ha empezado a hacer confesiones a algunos periodistas acaso porque va a cumplir 87 años en agosto y siente su vida discurrir entre las rejas donde cumple cadena perpetua. Primero dijo que "mi relación con la Iglesia Católica fue excelente, muy cordial, sincera y abierta". E incluso sostuvo que con Primatesta "llegamos a ser amigos".
Y también reconoció, por primera vez después de 30 años, que las fuerzas armadas eliminaron a "7.000 u 8.000 personas". Aunque la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas documentó casi 9.000 casos y los organismos humanitarios hablan de 30.000 desaparecidos. Sin embargo, el anciano militar guarda silencio ante el reclamo de los deudos que quieren encontrar los restos para darles sepultura.

Vía.Elmundo.es